Ciencia y los descubrimientos
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(Asimov, 2014, pp. 8-9)

200 000 a. J.C.

Religión

Hacia el 200 000 a. J.C., los últimos individuos a los que podemos considerar pertenecientes a Homo erectus habían muerto, y la especie estaba extinguida. Pero para entonces algunos habían evolucionado a homínidos con cerebros tan voluminosos como los nuestros, aunque su proporción era algo distinta: menores por delante y mayores por detrás. Aparecieron no mucho antes de esta época, y probablemente tuvieron una participación activa en el fin de la especie más antigua.

Los primeros rastros de estos homínidos se descubrieron en 1856 en el valle del río Neander, en Alemania occidental. Valle del Neander se dice Neanderthal en alemán, y los restos óseos fueron bautizados como hombre de Neanderthal o, sencillamente, neandertales.

Fueron los primeros homínidos que se descubrieron, y estaban claramente diferenciados de los modernos seres humanos. Sus cráneos eran sin duda menos humanos que los nuestros: tenían muy pronunciada la región supraorbital, dientes anchos, mandíbula prominente y frente y barbilla hundidas.

Como fueron los primeros homínidos hallados, y como el mundo occidental tenía la firme creencia de que la Tierra tenía unos pocos miles de años de antigüedad (como parecía inferirse de la Biblia), existía cierta resistencia a aceptar que los huesos de Neanderthal eran restos de una forma primitiva de Homo sapiens. Algunos preferían considerarlos restos de un Homo sapiens ordinario que padeció algún tipo de enfermedad ósea a otra anormalidad.

A medida que se iban encontrando más esqueletos de neandertales, y todos presentaban la misma forma de cráneo, ya no se pudo, claro está, mantener la noción de anormalidad. El antropólogo francés Paul Broca (1824-1880) se convirtió en el paladín de los argumentos en favor de que los neandertales eran una forma de vida más primitiva que la nuestra, y esto invirtió la tendencia.

Al principio, el nombre científico de los neandertales era Homo neanderthalensis, pero se nos parecían tanto, salvo algunos detalles del cráneo, que finalmente fueron reconocidos como pertenecientes a nuestra especie. ¿Y por qué no? Existen pruebas de que pudieron cruzarse con seres humanos del tipo actual. Ahora se consideran, pues, Homo sapiens neanderthalensis, una de las dos subespecies conocidas de Homo sapiens. Nosotros, los actuales, somos la otra.

Los neandertales vivieron desde 200000 a 30000 a. J.C. en África y Eurasia, coincidiendo con los períodos glaciares. Cazaban el mamut, el rinoceronte lanudo y el oso gigante de las cavernas. Sus útiles de piedra eran superiores en variedad, acabado y precisión a los hasta entonces conocidos, y ya habían aprendido definitivamente a encender fuego.

Fueron los primeros homínidos que enterraron a sus muertos. Los anteriores, como los animales en general, se limitaban a abandonarlos cuando caían, con lo que eran devorados por los predadores, y lo que restaba de ellos se descomponía. El hecho de que los neandertales inhumaran a sus muertos, sustrayéndolos a los devoradores, ya que no a las bacterias responsables de la descomposición, parece demostrar que se atribuía cierto valor a la vida, y que los individuos eran objeto de afectos y cuidados. A veces los muertos eran viejos y tullidos, y sólo pudieron vivir tanto tiempo gracias a la amorosa ayuda de otros miembros de la tribu.

Además, se enterraba a menudo alimento y flores junto al difunto, lo cual parece indicar que los neandertales consideraban que la vida continuaba después de la muerte sobre la base de la individualidad. Si creían en una existencia de ultratumba, se trataría de un indicio de las primeras manifestaciones de lo que podemos llamar religión, esto es, un sentimiento de que en el Universo hay algo más de lo que resulta aparente para los sentidos.